Reconozcámoslo. La next-gen apesta. No es que ninguno de nosotros no vaya a comprarse una nueva y reluciente consola de nueva generación a medio plazo. Si estas leyendo esto es que lo vas a hacer porque eres así de nerd. Excepto AJMan. Él quisiera comprarse una pero no tiene autoridad. Pero por mucho que nos ilusione a cada uno de nosotros nuestro futuro sistema lo cierto es que sabemos que en el fondo da lástima. La consola de Microsoft lleva un año en el mercado y se lo ha pasado haciendo el tonto. El mejor comentario del mejor juego sacado hasta ahora es “mejor uso de la sierra mecánica en un videojuego”. Tristísimo. Si eres americano -o de otro continente pero te gusta disparar como si fueses americano- no está mal. Por otra parte la Wii es pura basura. Tal y como me imaginé se vende como churros y se juega como el culo. Es una consola en la que muchos juegos no pegan ni con cola, lo que la deja capada a un determinado tipo de juegos o a juegos ideados y desarrollados en exclusiva para esta. Y ni así. Y la PlayStation 3 es otra mierda, pero el doble de cara.Este fin de semana los padres de efebeí –sí, nos hacemos mayores y todavía vivimos con nuestros padres ¿qué pasa?- se fueron a donde quiera que se fueren y no pudimos dejar escapar la oportunidad de usar la pantalla de plasma. Como había tiempo decidimos instalar todas las consolas ya que la Dreamcast por fin se había mudado al piso nuevo, la Game Cube era inevitable porque quería ver el Rebel Strike en 42” y la Xbox porque es lo único que reproducía el Halo. Se nos hizo más tarde de lo que figuramos, pero aunque la noche había estado bien, la sensación de fracaso al no conseguir arrancar el Dayttona 2001 no se nos podía quitar de la boca. Daytona señores. Eso hubiera sido grande. A la mañana siguiente, tras pocas horas de sueño –nos dormimos al alba- y con la cita de una barbacoa apremiándonos me encontré la estampa y decidí echarle una foto con mi móvil.
Varios litros de cerveza y una larga tarde con la boca algo pastosa después empezamos a hacer planes para la noche. Como Oltar, efebeí, Vanessa y el negativo de Vanessa me habían regalado el Lego Star Wars ][ el plan se torció rápidamente de salida nocturna a vicio nocturno. En vez de usar mi amorosa consola decidimos usar la PlayStation 2 de Oltar que estaba más cerca del parque de consolas ya instalado y que es ligeramente menos legal que la mía y por tanto reproduce juegos que la mía no reproduce. Todas las consolas de la segunda generación de treinta y dos bits juntas. Esto merecía una foto.
Ya metidos en lo nuestro decidimos reclutar a los nerds que buscaban un plan nerd. De modo que Kaos, Freeman y Nintyordie –sí, es la primera vez que los nombro en el blog y sí, nunca uso nombres reales ni abreviaturas- se unieron poco después a la fiesta. Se les requería bebida y juegos, pero además de la bebida acabaron trayendo una PSTwo y una Game Cube con el chasis para soportar DVDs. Sobrepasado por la cantidad innecesaria de hardware tuve que realizar otra fotografía, ya estando algunos de los presentes –entre los que me incluyo- visiblemente en celo.
Dentro de cinco años si esto se repite se verá una cantidad sustancialmente menor de cables, y debido al precio es de suponer que también de mandos.
Jugamos gran parte de la noche y probamos un poco de todo. El Naruto 4 de Game Cube y su sistema de combate irracional sigue sin convencerme frente al simulador de ninjas que es la versión para Sony. Por supuesto hubo tiempo para mi nuevo juego y comprobé que es tan amoroso como suponía. Quedé en unos puestos bastante aceptables en las carreras de F-Zero GX a pesar de mis costumbres Psignoseras. También se pusieron a hacer el mono un rato con el Canis Canem Edit. Y vale, jugué un rato al mini-juego de balón prisionero, pero los juegos de Rockstar siguen sin hacerme tilín. A todo esto había permanentemente un portátil –de Nintyordie- con el World of Warcraft puesto y con los jugadores rotándose. En contra de mi criterio no se usó la Dreamcast, lo cual hubiese amenizado mucho la noche puesto que el mando de recreativa oficial de Sega y el Marvel versus Capcom 2 convertían el plasma en una explosión de color, como si el Fantavisión o el Geometry Wars estuviesen en todo su esplendor. Por contra se impuso la idea de efebeí de una pantalla a dobles del infame Halo 2. Y claro, tras las risas iniciales por el doblaje, la eterna experiencia de concluir un solo nivel acabó adormeciendo al personal. Mucho más interesante fue ver cómo Nintyordye se las lidiaba con una flor gigante en el Panzer Dragoon Orta mientras comentábamos los diseños y efebeí intentaba venderme la Xbox como máquina definitiva por sexagésima vez.
Cuando casi todos estaban ya en la terraza pasando frío por fumar aproveché para probar el WipeOut Fusion, el cual es tan rastrero como recordaba y el Black. Revelación de la noche. Efebeí no paraba de repetir que no creía que fuese un Emotion Engine y que si el de Xbox se veía todavía mejor merecía la pena probarlo. Yo por mi parte contenía mi arrebato de aplastarle sus órganos reproductores ya que sólo unos días antes le había insistido es que comprase una versión de segunda mano, que por 7€ era imposible que no mereciese la pena aunque sólo fuese por jugar dos pantallas. Por lo que comprobé no es un juego por el que pagar 60€ -la versión PlayStation sufre de puntuales ralentizaciones, la de Xbox no lo sabemos porque efebeí es un roñica-, pero sí un arcade interesante cuando baje de precio y no tan aburrido como lo pintan.
Las nuevas incorporaciones desplazaron a sus homónimas. Nintyordie comenta divertido "Mira Ed, seguro que esto te pone" y me muestra como la PSTwo plateada de Freeman ha sido ubicada sobre la Game Cube, que antaño le vendí a efebeí, con claras connotaciones de humillación.
Un fin de semana así te reconcilia con la generación clave de la historia de los videojuegos, en la que una compañía nueva sustituía a una vieja, y con los videojuegos en sí. Es sorprendente lo que ganan estos cacharos cuando los introduces en eventos sociales, porque a pesar de que este evento en concreto se desarrollaba en torno a los juegos, no todo el mundo estaba jugando en todo momento. La mayor parte del tiempo la pasamos hablando de lo que veíamos y lo que veríamos. Los segueros y los nintenderos se abrazaban, los sonyers y los nintenderos cuentan chistes y los segueros y los sonyers… bueno ¡estaban juntos en la misma sala! Volví a mi casa a las tantas de la mañana con un viento que helaba el tuétano y más contento que unas pascuas. Salvo quizás… ¡cómprate el Daytona de una maldita vez efebeí!
Varios litros de cerveza y una larga tarde con la boca algo pastosa después empezamos a hacer planes para la noche. Como Oltar, efebeí, Vanessa y el negativo de Vanessa me habían regalado el Lego Star Wars ][ el plan se torció rápidamente de salida nocturna a vicio nocturno. En vez de usar mi amorosa consola decidimos usar la PlayStation 2 de Oltar que estaba más cerca del parque de consolas ya instalado y que es ligeramente menos legal que la mía y por tanto reproduce juegos que la mía no reproduce. Todas las consolas de la segunda generación de treinta y dos bits juntas. Esto merecía una foto.
Ya metidos en lo nuestro decidimos reclutar a los nerds que buscaban un plan nerd. De modo que Kaos, Freeman y Nintyordie –sí, es la primera vez que los nombro en el blog y sí, nunca uso nombres reales ni abreviaturas- se unieron poco después a la fiesta. Se les requería bebida y juegos, pero además de la bebida acabaron trayendo una PSTwo y una Game Cube con el chasis para soportar DVDs. Sobrepasado por la cantidad innecesaria de hardware tuve que realizar otra fotografía, ya estando algunos de los presentes –entre los que me incluyo- visiblemente en celo.
Dentro de cinco años si esto se repite se verá una cantidad sustancialmente menor de cables, y debido al precio es de suponer que también de mandos.Jugamos gran parte de la noche y probamos un poco de todo. El Naruto 4 de Game Cube y su sistema de combate irracional sigue sin convencerme frente al simulador de ninjas que es la versión para Sony. Por supuesto hubo tiempo para mi nuevo juego y comprobé que es tan amoroso como suponía. Quedé en unos puestos bastante aceptables en las carreras de F-Zero GX a pesar de mis costumbres Psignoseras. También se pusieron a hacer el mono un rato con el Canis Canem Edit. Y vale, jugué un rato al mini-juego de balón prisionero, pero los juegos de Rockstar siguen sin hacerme tilín. A todo esto había permanentemente un portátil –de Nintyordie- con el World of Warcraft puesto y con los jugadores rotándose. En contra de mi criterio no se usó la Dreamcast, lo cual hubiese amenizado mucho la noche puesto que el mando de recreativa oficial de Sega y el Marvel versus Capcom 2 convertían el plasma en una explosión de color, como si el Fantavisión o el Geometry Wars estuviesen en todo su esplendor. Por contra se impuso la idea de efebeí de una pantalla a dobles del infame Halo 2. Y claro, tras las risas iniciales por el doblaje, la eterna experiencia de concluir un solo nivel acabó adormeciendo al personal. Mucho más interesante fue ver cómo Nintyordye se las lidiaba con una flor gigante en el Panzer Dragoon Orta mientras comentábamos los diseños y efebeí intentaba venderme la Xbox como máquina definitiva por sexagésima vez.
Cuando casi todos estaban ya en la terraza pasando frío por fumar aproveché para probar el WipeOut Fusion, el cual es tan rastrero como recordaba y el Black. Revelación de la noche. Efebeí no paraba de repetir que no creía que fuese un Emotion Engine y que si el de Xbox se veía todavía mejor merecía la pena probarlo. Yo por mi parte contenía mi arrebato de aplastarle sus órganos reproductores ya que sólo unos días antes le había insistido es que comprase una versión de segunda mano, que por 7€ era imposible que no mereciese la pena aunque sólo fuese por jugar dos pantallas. Por lo que comprobé no es un juego por el que pagar 60€ -la versión PlayStation sufre de puntuales ralentizaciones, la de Xbox no lo sabemos porque efebeí es un roñica-, pero sí un arcade interesante cuando baje de precio y no tan aburrido como lo pintan.
Las nuevas incorporaciones desplazaron a sus homónimas. Nintyordie comenta divertido "Mira Ed, seguro que esto te pone" y me muestra como la PSTwo plateada de Freeman ha sido ubicada sobre la Game Cube, que antaño le vendí a efebeí, con claras connotaciones de humillación.Un fin de semana así te reconcilia con la generación clave de la historia de los videojuegos, en la que una compañía nueva sustituía a una vieja, y con los videojuegos en sí. Es sorprendente lo que ganan estos cacharos cuando los introduces en eventos sociales, porque a pesar de que este evento en concreto se desarrollaba en torno a los juegos, no todo el mundo estaba jugando en todo momento. La mayor parte del tiempo la pasamos hablando de lo que veíamos y lo que veríamos. Los segueros y los nintenderos se abrazaban, los sonyers y los nintenderos cuentan chistes y los segueros y los sonyers… bueno ¡estaban juntos en la misma sala! Volví a mi casa a las tantas de la mañana con un viento que helaba el tuétano y más contento que unas pascuas. Salvo quizás… ¡cómprate el Daytona de una maldita vez efebeí!































